Compartimos aquí un artículo de Jorge Wagensberg inspirado en una visita a la Isla de Lobos, que fue publicado en el último número de la revista Metode de la Universidad de Valencia.

El tiempo no existe

La intuición que tenemos del mundo consta de cuatro dimensiones, tres espaciales y una temporal. En efecto, nuestro cerebro percibe, a través de nuestro sensorium, volúmenes de tres dimensiones que evolucionan en el tiempo. Podemos imaginar mundos de menos dimensiones, pero imposible recrear en nuestro cerebro mundos de más. Es la grandeza de la ciencia: podemos comprender mundos sin necesidad de intuirlos. (La grandeza del arte es la contraria: puede intuir mundos sin necesidad de comprenderlos.) Una línea (una dimensión) intuye un punto (cero dimensiones) porque se sabe formado por un punto cuando éste se mueve. Sin embargo un individuo puntual (si existiera) sería incapaz de intuir una línea. Una superficie (dos dimensiones) intuye una línea (una dimensión) porque se sabe engendrada por una línea cuando ésta se mueve. Sin embargo, un individuo que se mueva en un mundo lineal no entiende de superficies, carece de perspectiva para ello. Y un volumen de tres dimensiones intuye cualquier superficie de dos porque se sabe engendrado por una superficie cuando ésta se mueve. Pero un individuo que se mueve en un mundo de dos dimensiones (como un gusano) no entiende ni intuye nada cuando se lo come un pájaro que se descuelga súbitamente desde un mundo de tres dimensiones.

Pues bien, según la moderna y polémica Teoría de las Supercuerdas de la física teórica la realidad del mundo tiene una decena de dimensiones y nosotros vivimos en un (con perdón) submundo de solo cuatro. Nuestro mundo es una especie de membrana en un mundo de bastantes más dimensiones o, como se nombra en la jerga de los físicos de estos temas, en una brana (brana: menos que una membrana). Afortunadamente la grandeza de la ciencia es que podemos comprender sin necesidad de intuir. Gracias a ello manejamos y aplicamos, por ejemplo, la física cuántica que no es intuitiva porque no existen observadores cuánticos. Nuestra mente no puede alimentarse de experiencias cuánticas directas. Por la misma razón podemos comprender mundos de dimensión superior, pero no podemos intuirlos. Pues bien según José Senovilla, catedrático de la Universidad del País Vasco, uno de los físicos españoles actuales más originales y brillantes, existe una interpretación de la realidad según la cual el tiempo se va desacelerando con el turbador pronóstico de que acabará ¡parándose! Es decir, aunque sea indetectable a nuestra percepción, los segundos y minutos que marcan los mejores relojes no son todos iguales. Nuestra gran hipótesis sobre la naturaleza del tiempo es que es uniforme ya que en cualquier otro caso nunca sabríamos si el cambio que observamos se debe a los fenómenos mismos de la realidad o al tiempo con el cual observamos y medimos tales fenómenos.

El modelo propuesto por Senovilla y su equipo abre la posibilidad de que nuestro mundo es un corte, una brana de una realidad en la cual el tiempo se frena y se convierte en espacio. En el contexto general de la física moderna esta idea cae bien porque resuelve problemas y contradicciones pendientes y no resulta tanto en la creación de otros nuevos. La situación recuerda mucho la que hubo al principio del siglo pasado con el misterioso éter, un fluido omnipresente que se inventó para comprender cómo se propagan las ondas electromagnéticas en el vacío. Michelson y Morley dedicaron su vida a buscarlo sin encontrarlo… hasta que llegó Einstein con su famoso artículo en 1905 y pulverizó la respuesta por el sencillo procedimiento de cambiar la pregunta. El éter no era necesario y nadie más volvió nunca a hablar de él. Pues bien, uno de los misterios actuales más inquietantes es qué es y donde está la misteriosa energía oscura del cosmos. Su existencia se hace hoy necesaria para explicar la observada expansión acelerada del universo. Con la nueva concepción la energía oscura es, como lo fue el éter, un concepto superfluo porque resulta que no es que el cosmos acelere su expansión, lo que ocurre es que el tiempo se ralentiza. ¿Y ahora? ¿Y luego? pues el tiempo se irá frenando cada vez más hasta detenerse del todo. El tiempo morirá y desaparecerá y el mundo quedará congelado en una última instantánea.

¿Por qué no? Después de todo el tiempo arrancó con el Big Bang. Si pudo aparecer, bien puede desaparecer.

Jorge Wagensberg
Director científico de
La Fundació “la Caixa”

Fue excelente el nivel de las propuestas presentadas para trabajar en la creación de una serie audiovisual del proyecto Museo del Tiempo. El objetivo de los audiovisuales es poder registrar los aspectos más importantes del proyecto y destacar las ideas centrales y su alcance para distintos impactos relacionados con la educación, la cultura científica, la oferta cultural y recreativa, y el turismo, entre otros.

Se presentaron 23 propuestas de diversas productoras al llamado, 8 de ellas fueron seleccionadas para la entrevista. Fue muy grato constatar el grado de adhesión y de entusiasmo por el proyecto, la riqueza de las propuestas y la calidad de los equipos entrevistados. La decisión del tribunal no fue nada fácil pero confiamos en que surjan nuevas oportunidades para este tipo de trabajo en el futuro.

En esta ocasión, la productora Múltiple Films fue seleccionada para llevar adelante el trabajo audiovisual, en breve comenzaremos las reuniones de intercambio de ideas para la elaboración del guión. Con muchas ganas emprendemos esta tarea, felicitamos al equipo de Múltiple Films y agradecemos a todos los que se presentaron.

El Museo del Tiempo está enmarcado en la concepción museológica denominada Museología Total, considerada como una corriente moderna dentro de la museología científica. Este concepto ha sido desarrollado por el físico y museógrafo catalán Jorge Wagensberg, Director Científico de la Fundación La Caixa y creador del museo Cosmocaixa Barcelona quien ha asesorado en relación a los contenidos del Museo del Tiempo.

Según Wagensberg, un museo de ciencia es un espacio dedicado a proveer de estímulos a cualquier ciudadano, a favor del conocimiento científico, del método científico y de la opinión científica, lo que se consigue usando prioritariamente la realidad (objetos y fenómenos reales) en conversación consigo misma y con los visitantes.

En su libro Hacia una Museología Total, Wagensberg profundiza en los aspectos clave de esta definición.

La visita a un museo, útil y soportable física y psicológicamente, no pasa de 4 horas. Un museo no puede competir en aprendizaje y enseñanza con una escuela o una facultad universitaria, y sus programas de sesenta o setenta horas. No está prohibido enseñar ni aprender, pero si se toma como prioridad, lo que resulta es una mala escuela o una mala universidad. Informar, informa mejor Internet, y es superfluo ofrecer en un museo lo que el ciudadano tiene o acabará teniendo en casa. Formar es un proceso continuo y no hay duda de que forma mejor la familia o la vida misma…

 La prioridad de un museo moderno según Wagensberg es entonces lo que el llama el punto de partida de todo proceso cognitivo: estimular en sus visitantes el querer conocer. La enseñanza, investigación, capacitación, información, protección del patrimonio, y popularización son también cometidos de un museo de ciencia, pero no su prioridad.

En este sentido, un buen museo de ciencia debe generar curiosidad en sus visitantes, quienes tendrán más preguntas luego de la visita que al ingresar.

Algunos principios básicos de la Museología Total.

El elemento principal en una exposición museográfica es la Realidad, el objeto real y el fenómeno real. Una buena exposición de ciencia jamás es sustituible por un libro, una película o una conferencia, lo que hace es crear avidez por estas cosas.

Todo puede ser mirado desde una óptica científica, pero a diferencia de otras formas de transmisión de conocimiento (como un libro), una exhibición científica no debe necesariamente cubrir un tema de forma intensiva o extensiva. Un museo no necesita abarcarlo todo. La realidad disponible en cada caso es lo que debe regir el contenido del museo.

Hay temas que son museografiables y temas que son mejor abordados por otros medios.

En una exposición científica existe el rigor museográfico y el rigor científico. El rigor museográfico es acordado entre museógrafos y diseñadores, y el rigor científico entre museólogos y científicos especializados en los diferentes temas.

En un museo de ciencia el visitante es tratado como un adulto en todo sentido, con el derecho de rehacer su verdad por sí mismo. No se deben enviar mensajes especiales garantizados o blindados por la tradición o autoridad científica.

 En una sociedad democráticamente organizada el papel del museo de ciencia es el de escenario común y creíble entre cuatro sectores: 1. la sociedad misma entendida como el ciudadano de a pie que se beneficia y sufre la ciencia; 2. la comunidad científica donde se crea el conocimiento científico; 3. el sector productivo y de servicios donde se usa la ciencia; 4. la administración donde se gestiona la ciencia.

Comenzamos a través de este blog, un proceso de comunicación sobre el proyecto Museo del Tiempo. Desde hace dos años el Ministerio de Educación y Cultura está trabajando con socios de la Universidad de la República e Intendencia de Montevideo para el diseño e implementación de un museo de ciencia en Uruguay. Durante este tiempo se han sumado al equipo de trabajo representantes del Ministerio de Industria y de ANEP. En estos dos años hemos trabajado para reunir los diferentes componentes de este proyecto: contamos con un lugar privilegiado en el predio de la antigua compañía del gas en la Rambla Sur, tenemos un proyecto de arquitectura donado por la empresa Petrobrás que está siendo adaptado para cumplir con los requisitos del futuro museo, y también hemos completado una consultoría con Jorge Wagensberg para la elaboración de los guiones de museografía y arquitectura. Wagensberg es un referente mundial en museografía y ha visitado varias veces nuestro país para establecer un diálogo con distintos referentes de nuestra comunidad académica y representantes institucionales que ha resultado en un guión museográfico con contenidos relevantes y únicos. También hemos avanzado en establecer los lineamientos generales para la gestión del futuro museo y están sentadas las bases para la creación de la Fundación Museo del Tiempo que estará integrada por el Poder Ejecutivo, la Universidad de la República y la Intendencia de Montevideo como fundadores.

Ahora que contamos con una gran variedad de materiales y contenidos para compartir, y con el reciente apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID) que nos permite tener entre otras cosas una página web, iniciamos un proceso de comunicación amplio sobre los avances de este proyecto que iremos publicando periódicamente en el blog.

Hasta pronto!